¡¡Muy buenas!! Como lo prometido es deuda, hoy os traigo dos recetas partiendo de la misma masa base, una masa azucarada. Se trata de una tarta de albaricoques y una tarta de queso que tienen un toque muy francés.
Parte de mi familia vive en el noreste de Francia, una región preciosa, y tengo unos recuerdos maravillosos de cuando pasaba los veranos allí de pequeña. Íbamos mi tía abuela, mi madre y yo con unos cestos a recoger moras y frambuesas, que recuerdo que eran enormes, y también mirabelle, que es una especie de mezcla entre albaricoque y ciruela que es típica de la zona.
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MIRABELLES DE LA ZONA DE LORENA (FRANCIA) |
Luego en casa hacíamos muchísima mermelada, y tartas de hojaldre con la fruta, y nos sabía todo a gloria. Ayyy qué recuerdos. En fin, volviendo al tema...
He de decir que en realidad la información de arriba no es del todo correcta...lo justo sería decir: una tarta de albaricoques y sus tartaletas, y una tarta de queso y sus tartaletas variadas con mermelada de frambuesa y caramelo a la mantequilla salada :)
Como os decía, la base para ambas recetas es una masa dulce que aquí os explico.
INGREDIENTES- PASTA AZUCARADA
200 g harina todo uso
100 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
40 g azúcar blanco
2 yemas de huevo
1/4 cucharadita extracto de vainilla
Tamizamos la harina en un cuenco y la amalgamamos con la mantequilla. Añadimos el azúcar. Por otro lado, batimos las yemas con la vainilla, y lo unimos a lo anterior mezclando hasta conseguir una masa integrada. La aplastamos un poco y la metemos en un bol a la nevera durante media hora.
A continuación, extendemos la masa con un rodillo y cubrimos con ella un molde redondo para horno, previamente engrasado con mantequilla. Las medidas son para un molde de 23 cm de diámetro. Si os pasa como a mí, y vuestro molde es algo más pequeño, podéis utilizar el resto para hacer tartaletas más pequeñas, o reducir los ingredientes proporcionalmente.
Pinchamos repetidas veces con un tenedor la masa dispuesta en el molde, y podemos poner un puñado de garbanzos para que no se hinche al hornearlo ni le queden bultos. Lo metemos al horno a 170º durante quince minutos, o hasta que veamos que toma un ligero color dorado.
Ya tenemos el fondo de pastel para cualquiera de las dos recetas. Ahora escoged la que más rabia os dé...
500 g de albaricoques u otra fruta de similar consistencia (ciruelas, cerezas)
30 g mantequilla
2 cucharadas brandy o licor
2 huevos
60 g azúcar blanco
60 ml leche
60 ml nata
Lavamos los albaricoques, los partimos por la mitad y los deshuesamos. Los rehogamos en la sartén brevemente con la mantequilla, y cuanto estén un poco más blandos, añadimos el licor y le prendemos fuego ¡con cuidado! He de decir que yo soy bastante patosa y lo hice sin problema, así que para vosotros, chupado. Yo lo que hice fue inclinar de un lado la sartén y acercarle el mechero a la zona donde se vea más líquido.
Cuando se extingan las llamas, colocaremos los albaricoques y el líquido en el fondo de tarta que habíamos horneado previamente.
A continuación, batimos los dos huevos con el azúcar. Añadimos la leche y la nata, lo mezclamos y lo vertemos sobre el pastel.
Horneamos durante diez minutos a 170º o hasta que veamos la masa tostada y el relleno con la consistencia del flan.
Esta tarta es deliciosa y nada empalagosa, a mis padres les ha encantado. ¡Triunfo seguro!
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4 huevos
100 g azúcar blanco
250 g queso crema (mejor si no es light)
250 g requesón
la piel rallada de un limón (sin nada de lo blanco)
60 g harina todo uso
4 cucharadas de crema agria o crème fraîche. Yo no tenía y puse nata líquida, he leído que en Carrefour tienen.
Azúcar glass para decorar
Separamos las yemas de las claras y reservamos las segundas. Batimos las yemas con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y esté espumosa. Incorporamos gradualmente los quesos y la piel de limón sin dejar de batir. Tamizamos la harina encima de la mezcla, seguimos batiendo y añadimos la crema agria.
Por otra parte, batimos las claras a punto de nieve y luego las incorporamos a la mezcla anterior, con cuidado para que no se bajen. Vertemos la mezcla sobre el fondo de pasta ya semi-horneado y horneamos una hora y media a 160º o hasta que el pastel esté dorado y cuajado.
Lo dejamos enfriar en el molde y en la nevera durante varias horas. A la hora de servir, le podemos tamizar azúcar glass por encima.
Yo además hice unos pastelitos de queso individuales, con los mismos ingredientes, a los que añadí en unos una cucharada de mermelada de frambuesa, y en otros una de caramelo a la mantequilla salada. El verano pasado estuve en Bretaña y me traje unos botes. Próximamente, la receta para hacerlo en casa. :)
También le irían bien como relleno: dulce de leche, nutella, mermelada de moras, de fresa...
En este caso, aplanamos la masa con el rodillo y en el molde de cupcakes o muffins vamos engrasando los huecos con mantequilla y colocando la masa. Precocemos diez minutos a 160º. A continuación, echamos la mezcla de queso y por último en el centro una cucharada de relleno.
Volvemos a meter la bandeja al horno unos 25 minutos a 160º, o hasta que veamos que la pasta está dorada y el relleno cuajado.
Cuando pasen cinco minutos, los sacamos de sus moldes con cuidado y cuando estén a temperatura ambiente los metemos a la nevera para comerlos frescos. Me ha encantado la textura que se les queda con el relleno, especialmente los de mermelada.